Hace ya unas semanas, nuestro viejo amigo Martín Pérez nos ponía como ejemplo en su post “Emprender en España. Mito 1: Trabajo full time“. Un post lleno de verdades y de sinceridad que se agradece en el que Martín decía que nunca se nos pasó por la cabeza dejar de trabajar part-time mientras hacíamos nuestro primer producto. El caso es que aunque la conclusión es la correcta, Martín nos pone de ejemplo en el sitio equivocado. Martín hablaba de inversores y de los proyectos que buscan inversión externa. Pero nosotros ni buscamos ni hemos buscado esa inversión.
Nosotros hemos optado por la autofinanciación y esa es la razón por la que hemos hecho y seguimos haciendo proyectos para terceros. Es lo que los americanos llaman bootstrapping. Puesto que la información que hay en la wikipedia en castellano respecto al boostrapping de un negocio es tan pequeña, voy a intentar explicar en este post nuestra visión de empresa desde un punto de vista de inversión.
Cuando hablamos de montar una empresa, bootstrapping se refiere a evitar el uso de financiación externa en todo lo posible. Son los propios fundadores los que se autofinancian de una u otra manera hasta que el negocio es rentable. Normalmente esto se realiza por medio de ahorros, manteniendo un trabajo a tiempo parcial, o realizando labores de consultoría, por citar algunas. Obviamente esta forma de proceder no es factible en todos los casos. Por ejemplo, sería difícil aplicarlo a los $150M que costó el diseño del primer iPhone. Pero por mucho que nos cueste creerlo en este país de apariencias y reuniones, en la mayoría de los casos de empresas de internet es más que factible.
Creando una empresa de esta forma hay que conseguir ingresos rápidos, y eso agudiza el ingenio a la hora de desarrollar ideas y buscar nuevos clientes manteniendo tu libertad en el camino. Tener una cierta inversión prácticamente te genera la obligación de gastar ese dinero para justificarte en lugar de pensar en cada momento si estas haciendo lo mejor o no.
También se suele usar que todos los productos tienen un ciclo de vida y que necesariamente hay que pasar una etapa de introducción, gastes el dinero que gastes en personal o en marketing. Facebook, Twitter, Google o incluso el iPod de Apple no nacieron siendo usados por medio mundo. Es algo parecido al ejemplo del niño y las nueve mujeres de El Mítico Hombre-Mes. Obviamente teniendo una inversión fuerte puedes aguantar ese tiempo mucho más cómodamente, pero tener inversores supone tener que rendir cuentas. Además no hay que olvidar que el dinero se acaba, y más con las cantidades que se mueven muchas veces en España. Y podéis creedme que esto sucederá más rápido de lo que podáis creer.
Algunas personas ven esta forma de crear una empresa como un error por lenta o limitadora, pero lo cierto es que son más los negocios que han triunfado de esta manera que con fuertes inversiones iniciales. El único problema es que parece que se ha instaurado la creencia de que el objetivo y único triunfo que existe es ser comprado.
Lo que nos lleva a una cuestión importante: ¿Para qué hemos creado la empresa?. ¿Para venderla?. Si fuera la razón habría que pensar a quién quieres vendérsela. Si quisieras venderla a Google (por decir un nombre) será mejor que pienses qué puede buscar Google, porque dinero no es lo que les hace falta. Ellos buscarán comunidad o tecnología o …, de modo que no hace falta que pienses en ganar dinero. Si soñaras con vendérsela a un rival o a alguien que quisiera continuar el negocio, mejor que dediques tu tiempo a pensar en como generar ese negocio porque es lo que hará que crezca su valor. Pero en cualquier caso si esa es tu motivación deberías saber que es algo así como jugar a la lotería.
Nosotros queremos crear una empresa sostenible en el tiempo, con varios productos que nos permitan vivir de nuestro trabajo durante años. No es nada nuevo, se trata de lo que han hecho las empresas desde siempre: fabricar algo, buscar clientes, venderles ese algo por dinero. 10.000 años de historia demuestran que funciona. Pero como hemos dicho esto no es inmediato. De modo que nuestra forma de autofinanciarnos es la combinar el desarrollo de nuestros productos con proyectos. Proyectos que nos gusten y en los que creemos que podemos aportar algo. Si tuviéramos un inversor externo perderíamos la libertad de decidir por nosotros mismos y lo que es más importante, pondríamos en juego nuestro objetivo ya que como es natural su interés sería la rentabilidad de su inversión, y no hay nada más rentable que una gran venta de la empresa
Esta es nuestra elección, personal e intransferible. No garantiza el éxito ni es la única válida. Tampoco quiere decir que jamás llegará el día en el que vendamos la empresa o uno de sus productos, pero no es nuestro objetivo. Es como cuando compras un casa, lo haces con todo el cariño para tenerla muchos años pero hay muchas razones para venderla porque tu vida va cambiando.