Recientemente he tenido la oportunidad de vivir como espectador en primera fila una catrastrofe anunciada. Un proyecto que desde hace meses se veía que iba a acabar en fracaso, sin que sus gestores fueran capaces de encontrar posibilidades de salvarlo. No voy a entrar en detalles, pero me llama la atención que siga habiendo tanta gente que no ve lo obvio, y es que el 75% del resultado de un proyecto depende del factor humano. El % no lo voy a discutir, si alguno quiere cambiarlo le dejo hacerlo.
Y es que tenemos claro que las personas son importantes. Por supuesto. Nadie se atrevería a negarlo. Nadie niega que las personas hacen que los equipos funcionen, que las empresas tengan éxito, que el ambiente merezca la pena o que una idea se lleve a buen puerto o no. Pero ¿por qué eso que todo el mundo sabe nadie parece tener interés en aplicarlo en la vida real?. Las políticas de recursos humanos en la mayoría de las empresas son, cuanto menos, mejorables (demasiado café para todos), y demasiados gestores se escudan en “metodologías mágicas” para llevar a cabo sus proyectos. Así nos va. Y como nadie paga, pues lo mejor que les pasará es que les darán nuevos proyectos dónde poner esas metodologías en práctica.
No me entendais mal. Las metodologías ayudan, claro, lo mismo que la tecnología, pero no son la solución final en una profesión tan puramente mental como la informática. Existen decenas de metodologías, que a veces funcionan y otras no dentro de un mismo entorno. Existen multitud de tecnologías, y la mayoría de las veces, muchas de ellas pueden valernos para llegar al mismo resultado. Es decir, si ninguno de esos factores es determinante, ¿cúal nos queda?. El factor humano, claro. Y es que casi siempre el resultado depende de las personas (gestores, comerciales, programadores ¡e incluso clientes!). De lo que saben o de lo que no, de su situación personal, de su relación o de sus egos. De la mano izquierda del que dirige o de la capacidad del que ejecuta para buscar soluciones. De lo equilibrado que esté el factor humano en el proyecto en todos los roles necesarios.
Es como el fútbol. Por mucho que el entrenador piense como jugar, depende de los jugadores, de si son capaces o no de llevar la pelotita hasta la red (o de impedir que el contrario lo haga). Luego tener los mejores jugadores debería ser la receta para el éxito. Pero no es tán fácil, sólo hay que ver el ejemplo de los galácticos del Real Madrid. Sigue haciendo falta el entrenador, para que les coloque, pero también para que con mano izquierda consiga que hagan lo que quieran. Lo mismo que hace falta el Pavón de turno porque hay todo tipo de tareas en un proyecto. Y es que cada persona es un mundo, así que juntar a, digamos diez, personas para conseguir un objetivo, es cercano a poner en orden un universo (perdón por la exageración). Y para terminar de complicarlo, temporada a temporada, proyecto a proyecto, mes a mes, las personas cambian, y hay que volver a buscar ese equilibrio.
La solución no la tengo, claro que no. Lo que tengo claro que no funciona es la mentira, la intimidación, el abuso de poder, la autocomplacencia, la explotación (tomar este término con un poco de sal), no escuchar lo que el resto tiene que decir, menospreciar al prójimo ni cualquiera de estas técnicas demasiado habituales. Eso seguro que no funciona.


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