A lo largo de las páginas anteriores hemos estado recogiendo las primeras fases a la hora de emprender nuestra propia aventura empresarial. Aunque lo más difícil vendrá a partir de este momento, el ser sinceros y honestos con nosotros mismos hará que esta aventura sea más provechosa y satisfactoria, además de tener más esperanzas de concluir con éxito.

Aunque de una forma informal, a lo largo de este documento hemos visto las secciones más importantes que todo plan de empresa debe tener:

  • qué es lo que hacemos.
  • para quién lo hacemos.
  • con que forma legal lo hacemos.
  • como lo financiamos.

Hemos intentado en este documento ofrecer una serie de consejos que nos ayuden a la hora de reflexionar sobre cada uno de estos aspectos enfocados a un tipo de empresa particular, si bien puedan ser aplicable a más tipos de empresas muchos de ellos.

La elaboración de dicho plan de empresa no es un ejercicio que realizaremos una única vez en el momento de crear la empresa, sino que deberíamos estar actualizándolo casi constantemente porque tanto la empresa como el mercado y nosotros iremos evolucionando a lo largo de este proceso. Nuestro conocimiento crecerá, como lo hará nuestra experiencia y visión, pero de nada servirá si nos engañamos a nosotros mismos. Toda decisión que se tome en ese plan de empresa debe ser fruto del estudio y de la determinación, no una mera cábala o suposición. Si mentimos (o no reflexionamos lo suficiente) a la hora de escribirlo, nos engañaremos nosotros, porque la realidad seguirá siendo la misma.

Las labores que deberemos desarrollar son muchas y muy variadas, que van muchísimo más allá de la programación de un producto, y como tal deberemos estar preparados para ello y tener las ganas de llevarlas a cabo.

Vivir del software por nuestra propia cuenta es posible. No es fácil, pero es posible.



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