El requisito imprescindible antes de comenzar con todo esto es siempre el de creer en nosotros mismos. Nos puede salir mal, pero si no creemos en nuestra idea y estamos dispuesto a llegar darlo todo por ella mejor que ni lo intentemos (ya veremos lo que es darlo todo). Empezar con dudas o hacerlo porque no encontramos otra opción de trabajar es sinónimo de fracaso, porque acabaremos dejándolo a la primera oportunidad. Ser emprendedor no es fácil, es duro y muchas veces solitario, de modo que tenemos que estar seguros de que queremos intentarlo.
Creer en nosotros
Hace unos años (en el 2005) participé en la gestación de una idea llamada Vivir de la música. Cuatro personas de distintas procedencias (un informático, un músico, un empresario musical y una gestor) nos juntamos y empezamos a jugar con la idea de crear un portal web en el que los músicos que no están dentro del circuito comercial pudieran acceder a nuevas oportunidades a través de la red (promocionarse, vender su música, etc.). Llegamos bastante lejos (plan de negocio, solicitud de ayudas, registro de nombres, etc.) pero tras el primer revés (nos denegaron una ayuda) nos rendimos. Supongo que la principal razón era que nuestro grupo no era todo lo compacto que debería haber sido, de modo que cada uno se volcó sobre otras oportunidades de su ámbito profesional, abandonando la que todos sabíamos era una buena idea. Hace pocos días encontré el sitio web Play the Bay, un proyecto con la misma filosofía y que viene financiado por la red de business angels del IESE. Desconozco si Play the Bay tendrá éxito o no, lo dramático es que esta situación ya la he vivido en otra ocasión (que llegó incluso a arrancar), y en aquella ocasión mi sucesor llego a tener un gran éxito llegando incluso a ser comprado por una gran empresa.
Creer en nosotros mismos es lo más importante para estar centrados en lo que hacemos. Debemos estas convencidos de que es posible y de que podemos hacerlo. Si creemos que algo es una buena idea, si lo volvemos a pensar bien y seguimos creyendo que tiene sentido y además salida comercial, deberíamos olvidarnos del resto del mundo y luchar por ello. Deberíamos estudiar el mercado, buscar financiación, alianzas, formas de convertirlo en realidad, y dedicarnos a ello en cuerpo y alma. Y si no encontramos formas de que nos financien y lo consideramos como opción, ser capaces de endeudarnos personalmente, ya que ser emprendedor es arriesgar.
¿Que es lo peor que nos puede pasar en el peor de los casos?. ¿Que un año después le debamos al banco 30.000 Euros?. ¿Cuanto vale una hipoteca?. Es mucho peor que pasen los meses y veamos como otros han conseguido llevar a la práctica una idea similar a la nuestra. Porque no somos tan especiales y más gente tendrá esa idea aunque la ejecute de forma algo distinta. Lo prometo.
Tendremos que luchar también contra uno de esos prejuicios fruto de nuestra escasa cultura empresarial. Y es que en España y en general en todos los países latinos, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, que una aventura empresarial acabe mal es tratado por el resto como un fracaso. Incluso desde el comienzo de la misma se encargarán de hacértelo saber, porque parece que nadie quiere reconocer que otro puede hacer aquello por lo que uno no se arriesga. Esto te puede generar una sensación de soledad en algunos momentos que también deberás ser capaz de sobrellevar.
¿Crear un trabajo o un negocio?
Lo siguiente de lo que deberíamos ser conscientes antes de empezar a pensar en montar una empresa para vender nuestros propios productos y/o servicios de software, es lo que queremos conseguir. Deberíamos tener claro si estamos intentando conseguir crear un negocio o un trabajo para nosotros mismos. Lo primero sería una empresa al estilo tradicional, lo segundo una forma de que nosotros ganemos dinero para vivir (¡esto no quiere decir que de la primera forma no podamos hacerlo!). No hay nada intrínsecamente malo en ninguna de las dos opciones, simplemente tenemos que saber que es lo que estamos creando, porque las necesidades y el riesgo son distintas.
La diferencia entre ambos casos es fundamentalmente conceptual. Si lo que hacemos, sea lo que sea, no puede sobrevivir sin nosotros, no estamos creando un negocio, estamos creando un trabajo para nosotros mismos. Un negocio no para, está en marcha y continuamente tiene que producir. Si trabajamos para nosotros tenemos únicamente nuestro tiempo, y nosotros mismos vamos decidiendo sobre la marcha en que nos embarcamos porque no podremos hacer más. Puede parecer lo mismo, pero no lo es. Aunque de cualquiera de las dos formas seamos (casi) imprescindible, al crear un negocio tenemos que tener claro el camino que seguimos, lo que hacemos/vendemos y dónde queremos llegar.
Si trabajamos para nosotros, simplemente realizamos una función dentro de nuestras limitaciones de tiempo (formar, vender un producto de software, etc. lo que sea) para aprovechar una oportunidad pero no vamos a crecer más (y no deberíamos buscarlo en exceso). Crear un negocio sin embargo requiere tener más visión y paciencia, requiere un mayor esfuerzo tanto en lo económico como en lo personal Es una cuestión de chip mental y tenemos que ser conscientes de ello. Si trabajamos para nosotros sin creer que eso es lo que hacemos, o si tenemos un negocio sin un objetivo claro, lo que sucederá es que estaremos siempre escuchando cantos de sirena, sobre otras opciones, sobre otras posibilidades de trabajo, con un continuo desencanto. Por supuesto nada impide pasar de un estado a otro, simplemente es mejor no engañarnos a nosotros mismos antes de empezar.
