• por admin - 24 de mayo de 2007 -
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    A pesar de lo que pueda parecer, nuestra aventura no va a ser fácil. Aunque estemos trabajando desde casa, son muchas las situaciones que nos van a desestabilizar y hacer perder el norte. Desde la multitud de tareas que tenemos que realizar hasta cosa más intrínsecas a la propia aventura como decidir si trabajamos con alguien y en que forma o ser fieles a nuestra idea a tentaciones que nos desviarán de la misma.

    Trabajar con socios.

    Lo primero que tendremos que hacer a la hora de organizarnos si contamos con algún socio, es tener clara la separación de los roles dentro de nuestra empresa. Si estamos solos la distinción de cuando actuamos en una labor o en otra es importante pero no es vital. Pero puede ocurrir que nos hallamos decidido por emprender nuestra aventura con un socio. No hay nada de malo en ello, el mundo del emprendedor es muy solitario y puede dar miedo. Un socio nos puede ayudar mucho en tiempos difíciles, porque pasar según que tragos solo es muy complicado. Además, el socio nos podrá dar ánimos cuando estemos flaqueando, porque este no es una camino fácil.

    ¿Pero es todo tan fácil y bonito?. Lamentablemente no. Os tocará pasar muchas horas juntos, más que con vuestras parejas, compartir dudas, miedos y problemas. Eso puede hacer que la relación se tambalee lo mismo que puede hacerla más fuerte, da igual lo amigos que seáis antes de comenzar esta aventura. Lo que en un principio puede ser amistad, buen rollo y alegría, se puede convertir en malos modos, desconfianza o algo peor de un día para otro. ¿Razones?…. muchas y variadas. Algunas de ellas pudieran ser (dejamos de lado las personales, que también pueden salir):

    • que uno de los socios piense que trabaja más que el otro, por las razones que sea (por ejemplo, que uno de los dos tenga familia y el otro trabaje todo el fin de semana).
    • que uno de los socios piense que el otro le menosprecia o no valora sus opiniones.
    • que uno de los socios piense que el otro no se implica en determinadas tareas menos gratificantes (a no demasiados les gusta ser contable, administrador, o secretaria).
    • que cada uno vea el negocio de una forma distinta, discrepando que tareas debe hacer la empresa y cuales no.

    Esto es casi inevitable. Cada persona tiene su propia realidad, y con ello tenemos que vivir. Pero si hemos optado por trabajar con un socio, con sus ventajas y sus inconvenientes, sólo hay un consejo de obligado cumplimiento:

    • diferenciar cuando se es socio y cuando se es trabajador de la empresa.

    Cada uno de nosotros deberíamos ser socios sólo en los momentos en los que toca ser socio (juntas, reuniones varias, etc.), dónde tomaremos decisiones que afecten al futuro de la empresa. El resto del tiempo tenemos que ser trabajadores, con derechos, deberes y responsabilidades como tales.

    Antes de empezar a trabajar deberíamos definir las funciones de cada uno, y poder exigirnos según esas funciones. Deberíamos tener claro cuales son las responsabilidades de cada cual (no todo tiene que ser al 50%), si es posible incluso por escrito, y actuar durante la jornada laboral en función de esas responsabilidades. Esto no quiere decir que cada uno haga una función el otro se quede mirando, pero siempre tiene que haber un responsable último de las cosas, de cada una de las cosas, porque si no se quedarán por hacer. Y asignar parte de vuestro tiempo a realizar estas labores.

    Por ejemplo, determinar quién será el encargado (con el poder de tomar decisiones) de los temas de administración, de los temas de finanzas, comerciales, marketing, o de los asuntos de sistemas (¡de todos!). Determinar quién tendrá la última palabra en cada uno de estos ámbitos, incluso de la propia empresa (aunque suene un poco raro en una empresa de este tamaño, quién es el CEO), y su palabra debería ser ley durante la jornada laboral dentro de ese ámbito, para tomar decisiones y para exigir al otro si no ha realizado las suyas. En las juntas de socios podemos decidir si cambiamos alguno de estos roles cada X tiempo o pulir la forma de trabajar, pero en el día a día cada uno tenéis otras funciones.

    ¿Radical o exagerado?. No lo creo, sólo tenemos que preguntar en nuestro entorno.

    No perder el norte.

    Hemos mencionado también con anterioridad la importancia de estar bien organizado y enfocado a la hora de desarrollar nuestro producto. Y es que de lo primero que tenemos que darnos cuenta es de que nuestro tiempo es finito. Por buenos que seamos en nuestro trabajo, por rápidos que seamos, por … por nada conseguiremos más de 24 horas al día.

    A la hora de embarcarnos en una aventura como la de crear una micro ISV y vivir del software que creemos, tenemos que tener claro nuestro objetivo, que es (o debería ser) precisamente ese, vivir de nuestros productos, no vivir de cualquier cosa que podamos vender. Lo malo es que no siempre es fácil. O mejor dicho, es muy fácil olvidarlo. Es probable, que por A o por B, acabemos teniendo la posibilidad de hacer algún que otro trabajo, proyecto, etc. Es fácil, por ejemplo, dar un curso de formación de una o dos semanas, ¿no?. Y el dinero nos viene muy bien.

    Mal, muy mal si lo cogemos. Depende de cada uno, pero si dar formación no es nuestro producto, no deberíamos hacerlo. Dedicar a un curso dos semanas, con la preparación, seguramente sean tres o cuatro. Con lo que tendremos que contar con ese retraso. Es decir, tendremos que contar con que retrasamos nuestro tu objetivo. Hacerlo una vez puede ser aceptable, hacerlo más veces es perder nuestro objetivo de vista. Pero lo que es peor, significa que estaremos al capricho de esos “extras”, porque acabaremos sin tener nuestro producto, que es el que nos debería dar de comer.

    Normalmente decir que no a un curso puede ser sencillo para una persona. Pero imaginemos que nos ofrecen hacer un proyecto de, digamos 30.000 Euros. Nosotros encantados. Como es grande podemos coger a alguien para que no ayude. Pensando que con ese dinero que nos entra podremos financiar nuestro objetivo. Falso. Queramos o no, un proyecto a medida en este mundo nuestro, nunca da beneficios a quién lo implementa (y menos si es la primera vez que realiza una estimación). No hablamos de perder dinero, simplemente no da los beneficios esperados por bien que calculemos si se tiene en cuenta todo el coste. Coste anterior y posterior al desarrollo. En ejemplo: si vendemos 1000 horas a 30 euros, con un coste de 20 Euros la hora, pero al final acabamos imputando 1500 horas en el proyecto. Técnicamente no hemos perdido dinero (1500×20=1000×30), pero realmente esas 500 horas de más las podríamos haber vendido a otro, ¿no?. O dedicarlas a nuestro propio producto. Pero lo que es peor, acabará el proyecto y nuestros costes fijos mensuales han aumentado terriblemente (contratación, consumos, etc.), por lo que o bien probamos la amargura de despedir a alguien, o nos vemos obligados a buscar nuevos ingresos, probablemente volviendo a retrasar nuestro producto. ¿Catastrofista?. ¿Tú crees?. ¿Realmente?.

    De modo que lo mejor que podemos hacer es tener claro nuestro objetivo1, y centrarnos en él. Si no sale bien que sea porque no tenía que salir, pero es mejor que no acabemos un año después sin saber lo que hemos hecho en ese año de aventura. Si nuestro tiempo es reducido y además nos distraemos, mal vamos. Si realmente necesitamos ese dinero de trabajos extra para poder desarrollar nuestra idea es que probablemente no hemos escogido el momento adecuado para lanzarnos a ella. Un producto exige inversión y dedicación, nada sale por casualidad, por mucho que en España se maltrate el concepto de producto del que ya hemos hablado unas páginas antes.


    1. Obviamente sería lícito que nuestro objetivo fuera participar en proyectos para terceros, pero en ese caso no seríamos una microISV. 

Un comentario para “Enfoque”

  1. [...] enfoque de negocio, monetizar la red [...]

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